LA PNR y el cortometraje español

He tenido la oportunidad de hablar con Antonio Conesa, director, productor y socio nº1 además del primer presidente de la PNR (Plataforma de Nuevos Realizadores) una asociación cultural sin ánimo de lucro que se creó en 1989 en Madrid y que su creación supuso un punto de inflexión para la industrial del cortometraje español. Para muchos quizás sea un completo desconocido, pero en muchos casos son personas anónimas y su trabajo las que pueden generar cambios importantes, y en este caso él ha sido uno de ellos. Me parecía muy interesante el poder hablar sobre esto, porque está asociación forma parte de nuestra historia reciente del audiovisual y es importante que lo conozcamos. Esto no aparece en los libros de historia, pero es igual de importante porque son pequeños pasos, movimientos los que pueden suponer un cambio importante y en el caso del cine quizás pueda ser una luz ante la mala situación. No debemos de ser tremendistas, pero si este post ayuda o sirve para valorar ese oficio bienvenido sea.

Diciembre fue un mes que desde la Asociación Mediterrània Audiovisual quisimos dedicar al mundo del cortometraje, la excusa fue la celebración global del ED+Corto. Aprovechamos la ocasión para hacer la primera proyección de cortometrajes, y para ello nos apoyamos justamente de la PNR. Personalmente yo les conozco de mi paso por Madrid, tengo compañeros que son socios y además he realizado algún curso de producción organizado por ellos. Es una asociación desconocida para much@s, y realmente es una pena. Centrada en los estudiantes que se adentran en el mundo profesional y llevan a cabo sus primeros trabajos, cortometrajes, cuenta en la actualidad con una fuerte estructura y son un punto de referencia en el sector. Muchas caras conocidas fueron en su momento socios y crearon sus primeros trabajos bajo el amparo de la Asociación por lo que no sólo debe de continuar, cuidarse sino que es un ejemplo muy válido para otras asociaciones con similares principios como la nuestra.

Antonio Conesa, fue uno de los espectadores que pudo recordar alguno de los cortometrajes creados al principio de nacer la asociación, realizados por estudiantes que acababan de acabar su formación y que poco después habían dado el salto con la creación de su propia productora para crear trabajos. Samarkanda fue la productora que creó, y donde produjo cortometrajes como Campeones (1991),  uno de sus primeros trabajos de esos jóvenes y incipientes cineastas que desde la PNR y su manifiesto habían propiciado cambios dentro del ICAA con la inclusión de las ayudas a proyecto a cortometraje inexistentes hasta ese momento.

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A finales de la década de los 80 la situación del cine español, era distinta a tal y como la conocemos ahora, pero ya arrastraba una serie de problemas que hoy se han vuelto crónicos. Desde el ICAA sólo existían las ayudas a la producción de largometraje sobre proyecto, pero las ayudas el cortometrajes estaban restringidas a cortometraje realizado. Para optar a esa ayuda las productoras sólo tenían  que calificar el proyecto. Después la totalidad de cortos de ese año y la ayuda económica existente se repartía a partes iguales entre todos los  cortometrajes que habían seguido estás pautas dando lugar a pequeños importes que no hacían posible el acceso a los nuevos profesionales a la posibilidad de producir cortometrajes.  Sin embargo y en contraste en todas las salas de exhibición del país debían ponerse obligatoriamente antes de cada película un cortometraje.

Tenemos que tener en cuenta que no existía el formato digital, si había nacido el soporte de vídeo, era en ese momento el 35mm  el soporte estándar de rodaje obligatorio para la exhibición. En consecuencia, los costes de producción eran importantes y no todo el mundo tenía acceso a recursos para crear soporte de rodaje era de manera estándar proyectos de calidad.

«En esa época los cortometrajes eran piezas breves documentales que se rodaban de manera líneal, sin montaje y a los que después se le añadía un título y se sincronizaba una música, el trabajo de un orfarero, la reproducción de las Cigüeñas o similares eran algunas de las bazofias que se proyectaban y que el público utilizaba para tomarse el último cigarro antes de entrar a la sala. Unas pocas productoras eran las que podían realizar esas producciones que se hacían de manera industrial para que llegarán a todas las salas de España, calificarlas y obtener a posteriori una ayuda que no lograba superar las 30.000 ptas un mínimo precio para que los jóvenes se pudieran plantear el costear la realización de un cortometraje».

 Fueron estos mismos jóvenes, estudiantes de cine que al ver el panorama laboral muy complicado al  acabar su formación que decidieron tras sus reuniones en el Café Lyon, el crear una asociación (PNR) y un manifiesto de tres puntos que hacer llegar al Ministerio de Cultura (ICCA).  Así que se con ahínco se pusieron a trabajar  tenía muy claro que para lograr ser escuchados tenían que recoger firmas de personas que lo apoyarán.

«Recogimos firmas en cantidad de cinéfilos que iban en ese momento a los cines Alphaville y Renoir donde se proyectaban películas en V.O, nos poníamos en grupos en las colas y les contábamos nuestro proyecto y les pedíamos su firma. Pero también firmas de calidad de reconocidos cineastas y profesionales de la época como el director Luis García Berlanga que aunque estaba muy mayor nos recibió en su casa de Somosaguas o el productor de cine independiente Elías Querejeta que nos recibió en su productora, ya en ese momento era un referente, pues era considerado el productor europeo que más veces había participado en la Sección Oficial de Canes con distintos directores, además de recibir varios premios en el Festival de San Sebastián.».

El Manifiesto

  1. La inclusión de una normativa de ayudas sobre proyecto a los cortometrajes .
  2. La obligación de incluir en todos los rodajes profesionales con ayudas públicas de meritorios de los diferentes departamentos de producción de un largometraje: dirección, fotografía, producción, maquillaje, montaje etc…
  3. Puesta en marchas de una Escuela Oficial de Cine (ahora conocida como la ECAM) que había desaparecido durante la época franquista de manos de Juan Julio Baena por razones puramente políticas.

 Después se reunieron con el director del ICCA, en ese momento el cargo lo ocupaba Fernando Méndez Leique (después sería durante muchos años el director de la ECAM) y tras dos entrevistas muy productivas se consiguieron dos de los puntos que estaba en el Manifiesto y se dio algo más de presión para que el tercero saliera adelante.

«De la primera entrevista salimos con una sensación muy positiva pues se comprometió a crear ayudas a proyecto para el cortometraje y que fuera obligatorio la inclusión de meritorios en los largometraje con ayudas públicas. La sorpresa fue en la segunda entrevista donde además estaba Enrique González Macho, exhibidor y distribuidor cuyas palabras fueron «No hay nada peor que prohibir sino que obligar» y en consecuencia poco después se eliminó la obligatoriedad de la proyección de cortometrajes antes de la películas».

El resultado es que en octubre de 1988 salió una nueva Orden Ministerial donde nacieron las ayudas públicas a la realización de cortometrajes, un apoyo importante para los jóvenes que podían acceder a estas ayudas y crear cortometrajes bajo las premisas propias del género. El ICAA les había escuchado y ponía de relevancia que el cortometraje era la herramienta principal de aprendizaje para los que estaban comenzando, para crear equipos de trabajo profesional y especializarse, además ofrecer productos que con el paso del tiempo se ha visto que los profesionales españoles somos grandes creadores dentro del género del cortometraje y nuestros trabajos son reconocidos no sólo a nivel nacional, sino también internacional. Pero no pararon ahí, sino que además con el paso del tiempo fue creciendo el número de miembros y en paralelo la realización de actividades para que se potencie y valore el cortometraje.

 

«Como miembros de la plataforma luchamos para ampliar la distribución de los cortometrajes no sólo en festivales sino en salas de cine, pero tras quitar la obligatoriedad ningún cine quería proyectar cortos de nuevo. Solo los Alphaville o rara vez los Renoir lo hicieron. Las exhibidoras tenían en esa época que hacer cuatro pases diarios para que la película les saliera rentable, y el tiempo entre ellos se utilizaba para poner trailers con el objetivo de atraer a los espectadores de nuevo a la sala. Comenzamos a negociar con las televisiones públicas y privadas para lograr la venta de derechos de exhibición de los cortometrajes. Canal + fue la televisión que apostó firmemente por el corto, que incluso tenía un departamento dedicado exclusivamente a eso. TVE cuando tenía al frente José María Otero (director de FAPAE e ICAA) también adquirió algunos derechos.  Y por último comenzamos a promocionar un catálogo de cortos sobre todo de miembros de la PNR para llevarlos a Festivales Internacionales de renombre como Clemont Ferrand (Francia), Sao Paulo (Brasil) y Oberhause»  

Hoy, con los nuevos soportes digitales se han abaratado los costes de producción, pero el cortometraje sigue siendo el género principal para el aprendizaje de los que comienzan en la profesión, pero también es el soporte utilizado para los que quieren hacer proyectos audiovisuales amateur.  El cortometraje está de moda, reconocidos directores lo utilizan para contar pequeñas historias que les interesa.  Los costes son 1/3  inferiores  en contraste con un largometraje,  sirve de plataforma para las empresas para contar una historia y mostrar su producto siguiendo acciones de Branded Content, es el género principal en las redes sociales y en YouTube ya que no se hacen en estas plataformas anuncios de 20 segundos sino micro historias de entre 1 y 2 minutos que en muchos casos se convierten en virales con miles de visualizaciones con la globalidad que ofrece Internet.

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